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Carta del director - Quinta edición Foro E

No vivir a espaldas de la realidad

Quienes hablábamos de Responsabilidad Social cuando casi nadie lo hacía, decíamos que el sector privado debe ayudar a solucionar los problemas sociales.

Algo ha cambiado sustancialmente en los últimos años: antes la línea predominante afirmaba que el Estado debía resolver los problemas de los pobres, de los excluidos. Quienes hablábamos de Responsabilidad Social cuando casi nadie lo hacía, decíamos que el sector privado debe ayudar a solucionar los problemas sociales. Ahora escuchamos que “una empresa no puede vivir de espaldas a la realidad social de cada país en donde opera”, como señalaba el presidente del Grupo BBVA, Francisco González, al recibir el Premio Latinoamericano a la Responsabilidad de Empresas y ONG, en Madrid, de manos del presidente del Foro Ecuménico Social, P. Jean-Yves Calvez (ver página 58 de esta publicación). Su plan social incluye aportar este año 28 millones de euros para dar 28 mil becas en América Latina. En esos días, uno de los hombres más ricos del mundo, Warren Buffet, en esa misma ciudad decía que en la crisis de las hipotecas evidentemente la culpa la tenían los bancos, que se habían expuesto demasiado. Recodemos que él donó el 85 % de su fortuna (unos 37 mil millones de dólares) a la Fundación de Bill Gates (el hombre más acaudalado del planeta)  dedicada a las enfermedades de los pobres del mundo: malaria, tuberculosis, paludismo y Sida.
Vemos dos realidades muy distintas: por un lado hay empresas socialmente responsables que buscan soluciones para los pueblos en los que actúan, y por el otro hay compañías éticamente cuestionables, que por ganar más dinero ponen en crisis al sistema financiero nacional e internacional.
Y aquí entramos en otro campo: qué deben hacer los que más tienen por los menos afortunados. Se habla mucho de redistribución de la riqueza, de la crisis de los alimentos, y de otros temas relacionados. Miguel Carrera Troyano (Universidad de Salamanca) advierte que “se ha pasado de un rechazo tajante a las políticas redistributivas, a la búsqueda de políticas que simultáneamente favorezcan el crecimiento y la equidad. Principalmente las políticas destinadas a proveer de activos a los más desfavorecidos, ya sea a través de la mejora de las oportunidades educativas, o los microcréditos, concitan un amplísimo respaldo como instrumentos que pueden disminuir la desigualdad, contribuir a la desaparición de la pobreza extrema y favorecer el crecimiento económico” (página 30).
Es la perspectiva en la que trabaja el Foro. En ese marco, las notas de Arnaldo Bocco y Marta Bekerman (páginas 40 a 44) dan una idea de lo que pueden significar los microcréditos hoy. En la sección “Jóvenes en crisis” (página 79) se incluye la Campaña de Prácticas Educativo Laborales que está llevando adelante el Foro, en un ejemplo de articulación del sector público y privado, para dar una solución al drama de los cientos de miles de chicos y chicas que tienen grandes dificultades para encontrar un trabajo. “Es una manera real y concreta de hacerse cargo de tantos jóvenes”, observa el P. Francesco Ballarini (página 81).
En la misma línea, en la sección Emprendedores Solidarios (página 135 y 145) que recoge los trabajos ganadores de la sexta edición del Premio al Emprendedor Solidario, y en el capítulo Responsabilidad Empresaria (página 95) encontraremos muchos otros ejemplos de acciones que apuntan a un compromiso concreto con la sociedad.
Responde a una lógica de la teoría económica: para que sean posibles políticas progresivas
hace falta que las elites asuman que una transformación es beneficiosa en el largo plazo para todos y también para las clases altas y las empresas que verán ampliarse sus mercados (página 32).
Responsabilidad Social implica también que todos, no solo los Estados, deben cooperar para el desarrollo de las naciones con más dificultades. Ese fue el objetivo del seminario que organizó el Foro con la Universidad de Salamanca, en esa ciudad, con la participación de expertos, funcionarios públicos, managers de grandes compañías y dirigentes de ONG.
Responsabilidad Social quiere decir que hay que provocar un cambio cultural. La cultura puede ser un antídoto para la crisis que se vive a escala mundial, advierte Ezequiel Ander Egg en el capítulo “Globalización y diálogo intercultural” (página 53).  Puede parecer una idea disparatada, pero se está dando en los coloquios del Foro, como el de Almuñecar, España, adonde expuso el rabino argentino Darío Feiguin, quien allí advertía que no es posible ubicarse en la estratósfera cuando tu prójimo sufre, y que los contenidos por los que hay que empezar son los proyectos de ayuda y justicia social (página 59). Ese diálogo hoy es más necesario por el resurgimiento del indigenismo y el choque de culturas en este continente, subraya Rosendo Fraga (página 63), teniendo en cuenta que los aborígenes son los más pobres, incluso en la Argentina, como se puede comprobar en el Impenetrable. Desde allí la Hermana Teresa Varela habla de acortar distancias geográficas y culturales, pero con un testimonio desgarrador de la situación que se vive (página 78).
Estas reflexiones de las reuniones realizadas en España y en la Argentina, con la Cátedra Abierta de Responsabilidad Social y Ciudadana, se pueden encontrar en estas páginas.
Todas apuntan en la misma dirección: no vivir a espaldas de la realidad, trabajar para mejorarla, comprometiéndonos con nuestro entorno, sabiendo que todos podemos ganar.

                                                                                                          Fernando Flores Maio