Crecimiento y responsabilidad social
Presidente de la empresa Apache. Ex diputado Nacional y Provincial.
Muchas empresas argentinas están marcando el camino porque tienen dentro de su esquema significativos programas de Responsabilidad Social.
El año 2008 debía transcurrir favorablemente para todos los actores económicos
teniendo en cuenta las condiciones favorables internacionales que existen, como nunca, actualmente. En consecuencia, el solo hecho de crecer, como estaba en los planes de mas del 80% de los empresarios, llevaba consigo cumplir con la responsabilidad social abonando el concepto simple que la primera responsabilidad social empresaria es mantener la empresa y, agrego yo, tratar de crecer.
El conflicto del gobierno y el campo cambió, lamentablemente, esta buena performance para desembocar en una crisis recesiva en algunos sectores empresarios que comprometen esos principios básicos para el desarrollo armonioso y progresivo de una sociedad.
Cuando uno se detiene en algunos conceptos que se manejan actualmente entre dirigentes políticos y empresarios, observa que por sostener la temperatura de un discurso y las frases esperadas (generalmente populistas y demagógicas), se incurre en conceptos peligrosamente equivocados.
Porque hoy se habla mucho de pequeño productor, como si crecer fuera perjudicial. Y no lo es: quien crece, normalmente genera más empleos (genuinos) y riqueza. Y puede, a través de la consolidación de su empresa, hacerse responsable solidariamente con la sociedad. A su manera. Siempre sirve.
En el conflicto con el campo todos hablaron (gobierno y representantes del sector), de pequeños productores, pero pareciera que si alguno progresó mucho (aunque sea en forma intachable, con esfuerzo y capacidad) debe ser castigado.
También se escucha esta reflexión (perjudicial en una sociedad libre y con espíritu de progreso) en otros sectores productivos, como por ejemplo en la industria. Cuando alguien (en Argentina hay muchos emprendedores), comienza con una modesta fábrica, existe la posibilidad de que le vaya bien y crezca en relación con el esfuerzo que realiza, su concentración, su capacidad, inclusive la suerte y se convierta en mediano o gran industrial. En ese caso habrá generado muchos más puestos de trabajo, más riqueza. Conozco en mi zona, Las Parejas y muchas otras localidades vecinas a empleados que hoy son empresarios y viceversa a empresarios que no les fue bien y hoy son empleados o están en diferentes actividades. Esto es lo que se llama movilidad social y es sano.
Ahora bien, si castigamos con un mensaje a la sociedad que es nocivo crecer, todos trataríamos de no pasar de una cantidad de empleados ni de mejorar nuestros productos para que no aumente su mercado.
Hoy, que hablamos de redistribución de la riqueza, o, simplemente como yo digo, de derrotar la pobreza, soy un convencido que la mejor fórmula para ello es el crecimiento de la actividad privada, verdadero generador de empleo genuino y riqueza.
Con un Estado más austero que incentive o por lo menos no castigue siendo demasiado intervencionista porque se enreda y perjudica la economía y que no se convierta en un voraz recaudador impositivo ya que desalienta la creación de nuevos negocios e inversiones que necesitan estabilidad y competitividad.
Con estas condiciones y consolidadas la existencia de un gran número de empresas no multinacionales que necesitan diariamente hacerse más eficientes para sobrevivir, esa primera responsabilidad social estará cumplida, pero además se consolidará esa importante necesidad del empresario de saber que deberá mirar a la sociedad para apoyar y destinar de su renta la concreción de proyectos de terceros incentivando la capacitación y educación o necesidades primarias para hacer más solidaria una sociedad que necesita de todos sus integrantes. En ese sentido es importante destacar que muchas empresas argentinas están marcando el camino porque tienen dentro de su esquema significativos programas de Responsabilidad Social Empresaria.
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