| Propuestas de argentinos y españoles |
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Certificado Iberoamericano de
Responsabilidad Social Empresaria
En la presentación del proyecto en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires hablaron empresarios argentinos y españoles, entre ellos Jaime Castellanos, presidente del grupo Recoletos (foto). Advirtió que no debe haber contradicción entre la rentabilidad y la ética. Dijo además que existe un falso dilema entre el fin de una empresa, que es el de ser rentable y lograr resultados que otros no consiguen en cuanto a su eficacia y su alcance, y los
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fines éticos que impulsan a contribuir activamente a la mejora del bienestar social del entorno.
Esta iniciativa comenzó en una reunión en el NH City Hotel con Antonio Sánchez de Bustamante, el consejero comercial de la Embajada de España en Argentina y con algunos managers de empresas, convocada por el Foro Ecuménico Social para extender las actividades a nivel iberoamericano. En ese encuentro Gonzalo Verdomar Weiss, director del BBVA Banco Francés propuso que se certifique la labor de empresas que cumplen con normas de Responsabilidad Social.
El Foro encomendó la preparación de un documento al economista Adolfo Sturzenegger, que se encuentra completo en la siguiente página:
Documento de Adolfo Sturzenegger
Se presentó en una reunión a la que asistieron 250 personas, managers de empresas, líderes de ONGs y religiosos de distintas confesiones.
En la apertura habló el empresario Julio Werthein, quien como miembro integrante del Foro desde sus comienzos, y como presidente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, dio la más cordial bienvenida. “Nos unen idénticos ideales”, señaló al elogiar la acción que lleva adelante el Foro y que confía que llegará a sus mejores consecuencias. “Espero que lo que ustedes decidan en estas reuniones nos sirva para encaminar a este país hacia el futuro que todos estamos esperando, un futuro de tranquilidad, de gran esperanza, y que los que los que exponen transmitan las mejores ideas posibles para que persistamos en el futuro”, auguró.
El moderador, Gonzalo Verdomar, dijo que con esa convocatoria se propone no solo desarrollar sino también instalar el concepto de Responsabilidad Social Empresaria. “Es alentador el compromiso que están manifestando los empresarios, junto con el tercer sector y los académicos, en un marco de incertidumbre, tanto local como internacional. Estamos pensando en construir algo nuevo, sostenible, en un entorno donde, al menos en el ambiente empresario, se está pensando cómo renegociar, como reconstruir los contratos, tanto los escritos como los no escritos, preguntándose sobre la vialidad de distintas compañías.El objetivo es promover los valores para una sociedad mejor, sustentable, donde se pueda vivir mejor”, destacó.
Norberto Lovaglio, presidente de DHL, comentó cómo comenzó esta iniciativa y sus alcances. “Somos de alguna manera un producto de la crisis del último trimestre del 2001. Estábamos muy angustiados, y reaccionamos tratando de interpretar qué es lo que podíamos hacer. Nos reunimos en una mesa de unas treinta personas donde había religiosos, managers de empresas , periodistas, intelectuales para llegar a objetivos comunes. Lo primero que logramos fue hablar de la misma manera y darnos cuenta que a todos nos dolía el país. Pasaron meses, definimos el grupo, y sentimos que era el momento en que podíamos empezar a hacer cosas”, explicó. Enumeró las actividades que se organizaron, como el premio al Emprendedor Solidario, y la Plaza del Ecumenismo y la Responsabilidad Social, hasta llegar al proyecto de Certificado de Responsabilidad Social Empresaria. “Es un proyecto de la sociedad, que nos pregunta si tenemos en claro cuál es el grado de impacto que una empresa puede tener en una sociedad, mas allá del hecho puntual, primordial, de generar ganancias. Una sociedad que no encuentra sobre qué o quiénes apoyar el futuro, y empezó a decir que llegó el momento de sacar el país adelante”, resaltó.
Eusebio Mujal, director en la Universidad de Georgetown, opinó que el tema clave que late detrás del informe que se presentó, detrás de la preocupación que sin duda sienten los que estaban allí presentes, es la cuestión de la recuperación de la confianza, que es “absolutamente crucial, política, cultural, psicológica, no solo de este sino también de muchos países”. Dijo que el documento plantea un reto fundamental: cómo combinar los intereses de empresas individuales con los intereses colectivos y los de la sociedad. Remarcó que en la Argentina “no solo el Estado no funciona, sino que la sociedad no funciona, y la reforma y la refundación pasa no solamente por el Estado sino también por la sociedad”. Pero se mostró optimista al expresar que las dificultades son las que nos fortalecen y nos animan. En un plano teórico discrepó con el reduccionismo de Milton Friedman al manifestar que la empresa no existe solamente en términos de ganancias, sino que está insertada en un entorno social, que necesita y del cual se nutre. “No es una cosa aislada, sino que es una realidad económica pero también social”, acotó.
En su exposición en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Castellanos subrayó que la empresa debe ejercer la Responsabilidad Social por interés propio. Está convencido de que la compañía que cuida la remuneración de su capital humano y se preocupa por su formación, que juega limpio con sus proveedores y con sus clientes y que, además, es responsable ante su entorno social, conseguirá la rentabilidad que persigue.
Transcribimos sus reflexiones:
Quiero dar las gracias al Foro Ecuménico sobre Responsabilidad Social por haberme convidado a estar con ustedes esta mañana y quiero decir que este no es el típico cumplido que antecede intervenciones como estas. Agradezco de verdad esta invitación porque el tema que nos reúne aquí hoy – Hacia el Desarrollo de la Responsabilidad Social Empresarial en Argentina – es un debate abierto que me toca muy de cerca a mi, a la gente con quien trabajo y a mucha otra gente amiga que respeto y admiro.
Además, este edificio, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, es un lugar especialmente grato para mi en esta gran ciudad de ustedes porque fue aquí, hace ahora casi dos años, que dimos una fiesta para celebrar el relanzamiento de El Cronista, nuestro periódico en Argentina. Puede que algunos de ustedes estuvieron en esa fiesta y entonces recordarán lo que dije entonces y quiero repetir ahora: El Cronista, un diario argentino, dirigido y escrito por argentinos y al servicio de los más altos estándares de independencia y de solvencia, es la apuesta del Grupo Recoletos en el Cono Sur. Lo fue hace dos años, lo es ahora y lo seguirá siendo en el futuro. Como Presidente de Recoletos quiero aprovechar la ocasión para manifestar mi más plena confianza en Argentina y en El Cronista.
Pero vayamos a lo que nos ocupa hoy y, por lo pronto, permítanme que les adelante que yo pienso que existe un falso dilema entre el fin de una empresa que es el de ser rentable y de lograr resultados que otros no consiguen en cuanto a su eficacia y su alcance y, digamos, los fines éticos que impulsan a la empresa a contribuir activamente a la mejora del bienestar social de su entorno . Yo no creo en la suma cero según la cual uno es rico porque otros son pobres. Por el contrario creo que si una empresa no es responsable, ética y socialmente, ante sus empleados, sus clientes, sus proveedores, y, por supuesto, ante sus accionistas, dejará en el medio o largo plazo de crear negocios competitivos y exitosos. No debe de haber, y de hecho no hay, una contradicción entre lo uno y lo otro. Frente a eso que yo llamo un falso dilema prefiero reflexionar sobre la armonización de los fines económicos y sociales.
Este es, en fin, un debate en el cual Recoletos Grupo de Comunicación actúa desde hace ya tiempo como portavoz y plataforma en España, y también, como les explicaré, como juez y parte. Nosotros estamos muy implicados en este tema y agradezco, por lo tanto, la oportunidad de conocerles y de escucharles. Estoy seguro que sus planteamientos enriquecerán el debate que mantenemos en España.
Debo comenzar por explicarles que Recoletos es miembros fundador en España de la Fundación Empresa y Sociedad que es la institución empresarial que desde 1997 se dedica a la necesaria labor pedagógica de ilustrar a unos y a otros sobre la Responsabilidad Social. Los avances fueron lentos en el principio pero mi impresión es que ya hemos conseguido una muy buena velocidad de crucero. Sin duda alguna se habla mucho de la Responsabilidad Social de la Empresa – el debate se ha puesto ciertamente muy de moda – pero es que además se están haciendo cosas.
Un dato a tener en cuenta es que prácticamente todas las memorias anuales de la empresas españolas cotizadas en la Bolsa de Madrid llevan este año su correspondiente capítulo dedicado a la Acción Social. Hace unos años pocas se molestaron en dar cuenta de ello aunque esto no quería decir que no hacían nada en el campo social. Es que sencillamente no le daban ni importancia ni publicidad al tema la Responsabilidad Social Empresarial. Esto ha cambiado. Ahora hay una nueva sensibilidad.
Esta nueva sensibilidad se debe tanto a esa labor pedagógica de instituciones como la Fundación Empresa y Sociedad como a la reacción ante los muy graves escándalos que han tenido lugar en grandes corporaciones que hasta antes de ayer todos admirábamos tanto. No quiero recrearme en aquellos días negros de Nerón cuando afloraron tantos ejemplos de gestión, lisa y llanamente, criminal. Es, en todo caso, necesario tener en cuenta que aquel puñado de empresas fue la excepción, no la regla.
Sin embargo el daño que se hizo a la reputación de la empresas fue considerable. Estamos en un foro Ecuménico y ustedes me entenderán: pagaron justos por pecadores. Lo que quiero subrayar es que desde entonces no basta con ser honesto: hay que parecerlo y demostrarlo. De ahí el esfuerzo que tantísimas empresas han hecho por detallar su compromiso con la Responsabilidad Social y con la acción social. Es un esfuerzo que responde a una nueva sensibilidad en la sociedad.
Y otro dato más. Muchas empresas españolas, entre ellas Recoletos, se adhirieron el año pasado a los principios del Pacto Mundial de Naciones Unidas en materia de derechos humanos, normas laborales y medio ambiente. No me imagino, hace unos años, ni a la Organización de las Naciones Unidas creando un Pacto de estas características ni a las grandes empresas acudiendo, todas a una, a estampar su firma a tal documento.
A nosotros en Recoletos todo esto nos parece muy bien. Somos portavoces y plataformas, les decía, de este debate porque como grupo de medios sabemos hacer mucho “ruido” e indicar a nuestro público una dirección y unas pautas a seguir. En España, a través de nuestros medios, hacemos una extensa cobertura de los temas de la Responsabilidad Social Empresarial.
Los especialistas en esta materia en nuestros distintos medios destacan a las empresas que adoptan, con transparencia, códigos de buena conducta corporativa, y destacan, también, las empresas que se muestran sensibles con su entorno social y respetuosos con el medio ambiente. La cobertura de nuestros medios, a través de secciones fijas dedicadas a toda la amplia temática de la acción social y de la empresa socialmente responsable, tiene un efecto multiplicador y podemos legítimamente decir que en Recoletos hemos contribuido mucho a poner la Responsabilidad Social en la agenda de la empresa española.
Nuestros medios también participan en un buen número de certámenes que premian a empresas por su labor en el amplio campo de la acción responsable. Es así que somos, en cierta manera, jueces. Y, por supuesto, somos a la vez parte porque Recoletos, como empresa, procura predicar con el ejemplo. Nuestra empresa respeta todas las normas, recomendaciones ¡y hasta las insinuaciones! para lograr un buen gobierno corporativo.
De hecho tenemos una estructura de gobierno corporativo que cumple plenamente las recomendaciones del Código Oliven cía que es como es conocido el Código de Buena Conducta vigente en España. Seguimos con el máximo interés todos los avances y desarrollos que se están produciendo en esta área; aunque a veces – también hay que decirlo – más que desarrollos para el buen gobierno de las Compañías hay ideas que parecen pensadas para el buen gobierno del muy respetable y respetado cuerpo de bomberos.
Puede que exista un cierto exceso de celo pero no me cabe duda de que la transparencia y el código de buena conducta es la piedra angular de toda empresa. Sin ella no hay acción social que valga y es necesario insistir en esto. De nada le vale a una empresa emprender iniciativas para asistir, pongamos, a discapacitados si no está jugando limpio con los mercados y con sus accionistas. Primero una empresa ha de poner su propia casa en orden con un buen gobierno corporativo y, solamente a partir de allí, puede dedicarse a su entorno social. A partir de allí puede dedicarse a ser socialmente responsable y, digo yo, debe dedicarse a ello: la empresa debe ser socialmente responsable.
¿Por qué ha de ser una empresa socialmente responsable? ¿Por qué ha de emprender iniciativas de acción social? Pues a mi juicio por lo siguiente y puede que les choque lo que les voy a decir: la empresa debe de ejercer la responsabilidad social por interés propio. Estoy convencido de que la empresa que cuida la remuneración de su capital humano y se preocupa por su formación, que juega limpio con sus proveedores y con sus clientes y que, además, es responsable ante su entorno social, conseguirá la rentabilidad que persigue y logrará los resultados que otros no consiguen en cuanto a su eficacia y su alcance.
Repito que creo que existe un falso dilema, un falaz planteamiento de suma cero, entre el fin económico de una empresa y lo que impulsa a la empresa a contribuir activamente a la mejora del bienestar social de su entorno. No debe de haber, y de hecho no hay, una contradicción entre lo uno y lo otro. La clave está en reconocer que en el interés propio de la empresa se ha de seguir por la senda que armonice tanto los fines económicos como los sociales. Esto es exactamente los que demanda la sociedad en la cual nos movemos. Hay una nueva sensibilidad social que exige determinados comportamientos empresariales y como empresarios debemos de dar respuesta a ella. Y somos, insisto, socialmente responsables por interés propio.
No voy a aburrirles a ustedes con un recital de acciones concretas en el campo social que ha abarcado Recoletos en el último año y, además, el hacerlo me parece un poco impúdico. Acaso les diría que Gaceta Universitaria, que es el semanario de mayor difusión en las facultades españolas, organizó a comienzos de este curso una campaña de ayuda humanitaria a la Universidad de Kabul que había quedado hecho añicos por años de guerra. A finales de noviembre Gaceta Universitaria entregó al Rector de la universidad de la capital afgana un cargamento bastante impresionante de 44 toneladas de material didáctico, escolar e inmobiliario –libros, computadoras, aparatos de laboratorio, pupitres, mesas y baldosas.
Esta campaña de Kabul me sirve para transmitirles una última idea que es la siguiente: nuestra experiencia en Recoletos es que como mejor se manifiesta y mejor se realiza la acción social es de abajo a arriba. Es decir: son los propios empleados quienes toman la iniciativa en el campo de la acción social y lo que debe hacer la dirección de la empresa, desde la Responsabilidad Social, es apoyarles y ayudarles a conseguir los fines sociales que se proponen. En el caso de Afganistán fueron los redactores de Gaceta Universitaria quienes decidieron por su cuenta organizar una campaña de ayuda humanitaria.
Con esta misma idea de “desde abajo hacia arriba”, en Recoletos organizamos todos los años un concurso para premiar la acción social de los empleados y les pedimos que llenen formularios explicando los trabajos voluntarios en los cuales están involucrados y el efecto que les ha producido emprender tales proyectos sociales. Leyendo estos formularios uno se da cuenta, por ejemplo, que mucha gente de Recoletos, mucha más de lo que uno se podría imaginar, acompaña, con conversación y con caldo caliente, a los “sin techo” en las frías noches de las calles de Madrid. Hubo varios formularios de los empleados que hablaban de desplazamientos cada fin de semana a determinadas cárceles donde organizaban actividades para presos drogodependientes. Y hubo otros remitentes que explicaban visitas a hospitales, sobre todo infantiles, y a residencias de la tercera edad.
Lo que quiero destacar es que ninguna de estas acciones fue, en modo alguno, promovida por Recoletos; fueron, y son, acciones individuales asumidas por un buen número de empleados de Recoletos. Sin duda la gente que forma Recoletos es “buena” y solidaria pero no creo que lo sea de una manera excepcional. Al contrario todo me hace pensar que son “normales”, es decir que los distintos compromisos que detallan los formularios del concurso que convoca la empresa son ampliamente compartidos.
A juzgar por estos formularios, nuestros empleados se habían comprometido con determinadas acciones sociales a través de organizaciones no gubernamentales y fundaciones que reunían a otras muchas personas procedentes de otros colectivos y de otros ámbitos laborales. Esto me hace pensar que cualquier empresa que pusiese en marcha una iniciativa parecida a esta para premiar la acción social de sus empleados descubriría la misma sensibilidad, la misma generosidad, la misma actividad de voluntariado que nosotros hemos ido constatando en Recoletos.
Les puedo decir que uno de los formularios que más me han impresionado fue enviado precisamente por un grupo de argentinos que trabaja en El Cronista. Este grupo ha formado su propia ONG y hace una cosa que puede parecer muy sencilla pero que requiere una disposición y una dedicación que no se encuentra todos los días. Resulta que a comienzos de cada mes este grupo de El Cronista hace una colecta entre la redacción del periódico y entre amigos. Con lo que consigue reunir, esta particular ONG envía todos los meses entre 200 y 250 litros de leche a una guardería llamada La Buena Voluntad que atiende a unos 40 niños de hasta cuatro años en la Avenida Eva Perón 6600.
Esta acción social a favor de la guardería La Buena Voluntad es un claro ejemplo de lo que yo llamo acción social de abajo hacia arriba. Y lo que hacemos en Recoletos es apoyarles. En todos nuestros centros en España se han colocado estos días carteles y huchas (buzones) para apoyar la acción social de estos voluntarios de El Cronista y confío en que reunamos un dinero importante para La Buena Voluntad. Recoletos se ha comprometido, en todo caso, a igualar la suma que sus empleados en España sean capaces de reunir para esta guardería porteña. Y esto es lo que yo entiendo que debe hacer la dirección de la empresa: asumiendo su Responsabilidad Social, la empresa apoya y ayuda a sus empleados a conseguir los fines sociales que ellos mismos se proponen.
Creo, para resumir y con esto ya termino, que en toda la materia de acción social las direcciones de las empresas harían bien en escuchar a sus propios empleados. Las acciones que podamos fomentar serán más eficaces en la medida en que se asienten sobre las que surjan de nuestro propio capital humano. Empecemos por merecernos el respeto de lo que nos es propio y que trabaja con nosotros. Nuestros empleados nos reconocerán por ello. Ya ganaremos el de nuestro entorno social. Reflexionemos, en fin, con imaginación y flexibilidad sobre la armonización de los fines económicos y sociales. Estoy seguro que la empresa se beneficia, en todos los sentidos, al asumir su responsabilidad social de una manera participativa y cabal.
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