| Cátedra Abierta de Responsabilidad Social y Ciudadana 2007 |
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Senderos para el trabajo del Foro Ecuménico Social El Pastor Tomás Mackey es profesor y director del Seminario Internacional Teológico Bautista de la Argentina. Estas fueron sus palabras de presentación de la sesión:
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Al iniciar el Foro Ecuménico Social
intentamos crear un espacio que
resultara potenciador de recursos y
de diferencias. Es decir, nos propusimos
ver a los otros con una
actitud enriquecedora y no divisionista.
La intención era, y es, pensar la
realidad con una mirada realista y esperanzadora
a la vez.
Las situaciones caóticas asustan, pero
también genera incertidumbre no ver
salidas u opciones. Incluso es realmente
preocupante el no tener memoria y repetir
errores del pasado o bien no aprender
de esos errores. Igualmente negativo
es usar el caos con propósitos partidistas
o sectoriales.
Es igualmente éticamente inadmisible
que haya carencias básicas en un país
como el nuestro, en donde las posibilidades
y los recursos pueden abundar, y
sin embargo suelen primar las mezquindades,
la indiferencia, y el egoísmo.
En muchas actividades del Foro certificamos,
no obstante, la cantidad enorme
de personas e instituciones repletas
de valores. Pero es justamente allí donde
nos preguntamos, ¿cómo es que teniendo
lo que tenemos, viendo lo que vemos,
palpando lo que palpamos, no
podemos estar mejor?
En este contexto paradojal nace el
Foro Ecuménico Social. Se inicia como
una herramienta de trabajo que contribuya
a motivar, reflexionar, y accionar
un plan de construcción de senderos que
deseamos transitar.
Uno de esos senderos es de la eficiencia
en simultaneidad con la transparencia,
en todos los planos en que nos
movemos. Desde la gestión pública hasta
nuestra propia vocación religiosa y empresarial.
Errores y fracasos hay en todas
partes, pero el tema es tener la capacidad
de corregirlos, y no institucionalizarlos
o premiarlos.
Otro sendero que nos propusimos
caminar es el de la construcción de proyectos
que generen confianza en las personas,
en los procesos, en las instituciones,
para poder pensar el futuro con
mayor certeza. Es muy difícil invertir
tiempo, esfuerzos, entusiasmo, cuando se
transita una sociedad de la desconfianza.
Un tercer sendero que deseamos
transitar es el de la búsqueda del bien de
todos. Una sociedad más ética se ocupa
del bien de la parte o el sector, pero también
del bien de todos. Cuando los intereses
sectoriales priman, incluso a cualquier
costo, finalmente la sociedad toda
sufre.
Un cuarto sendero que tenemos
como meta es el de pensar con sentido
de continuidad. La costumbre de “vivir
comenzando”, no deja buenos frutos.
Naturalmente hay tantas cosas sin hacer
que muchas veces se hace necesario comenzar.
Pero suponer que las cosas comienzan
por uno es no saber valorar lo
bueno construido, y es no reconocer lo
bueno de los que nos precedieron. La
falta de continuidad, especialmente la que
surge del egoísmo, de no trabajar “junto
a” y “a partir de” lo que otros hacen, le
cuesta muy caro a la Argentina. Muchos
proyectos se frenan sencillamente para no
reconocer logros de otros o anteriores,
o únicamente para imponer el propio.
Un sendero que fuimos descubriendo
al trabajar es el de la alegría por construir
una realidad mejor. La alegría es un
factor importante para la salud de los
seres humanos y las comunidades.
Hay muchos senderos más que deseamos
explorar. Por ejemplo el de ejercer
nuestro trabajo con dignidad, la que
naturalmente incluye el aspecto éticomoral,
el de dar cuenta a los demás de
lo que hacemos, y el de trabajar con una
verdadera actitud de servicio.
Creemos que este sendero es clave
para colaborar en el proceso de vencer
la tremenda corrupción que alcanza niveles
personales, institucionales y sistémicos
aberrantes. En algunos casos la corrupción
parece levantarse como una
bandera orgullosa y hasta como un deporte.
Es común ver que el hacerse cargo
de lo que pasa no es la norma, y que
por el contrario la excusa es que la culpa
siempre es “de los otros”, la responsabilidad
es “de los que pasaron”. Por eso
suele haber una pérdida de sorpresa, casi
puede decirse una falta de escándalo frente
a la violación de los más elementales
principios de la ley, de la ética, o de las
costumbres saludables para que un país
crezca. La impunidad lastima y despierta
mayores inseguridades. Por eso es que
muchos jóvenes no creen en las instituciones,
ni siquiera en las religiosas. Muchos
de ellos al recibir sus títulos no encuentran
nada por lo cual jurar, excepto
ellos mismos. Vale la pregunta: ¿qué se
construye cuando no se cree en nada ni
en nadie, fuera de lo propio?
Por cierto desde el comienzo el Foro
procuró transitar el sendero de la esperanza.
La manera más certera de mirar
cualquier realidad es la esperanza. Cuando
la esperanza se pierde ya no se lucha,
no se cree en el presente ni en el futuro y
se pierde uno de los motores más vigorizantes.
El Foro, como se dijo, es una herramienta
y pretendemos que siga siendo
eso, una herramienta. En la medida en la
que el Foro se torne un fin en sí mismo y
disputemos espacios para administrarlo,
no nos servirá.
Pretendemos que el Foro tenga una
forma mínima para que no se agote en
la estructura y cumpla su función ética,
motivadora. Como tal el Foro Ecuménico
Social está abierto a todos
los que experimenten las mismas
ganas y motivaciones.
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