| Responsabilidad Social Empresaria |
d) Hacia una cultura de la Responsabilidad Social Empresaria
Desde nuestra perspectiva, el comportamiento socialmente responsable por parte de las empresas puede, en efecto, llegar a simbolizar el impulso necesario que permita afianzar este cambio cultural todavía en germen. Un aliciente que ayude a generar un mejor contexto, más estable, más sustentable. Un envión que contribuya, en definitiva, a cimentar y robustecer una cultura de la responsabilidad social que afecte positivamente a todos los actores sociales y que permita, en un marco de mayor sustentabilidad, reducir los niveles de incertidumbre e imprevisibilidad.
Por otra parte, puede constituir un medio de vital importancia en la consecución de un modelo de desarrollo sustentable que conjugue crecimiento económico, integración social y equilibrio medioambiental. Los frutos del comportamiento socialmente responsable podrán ser cosechados también por las generaciones futuras. Todo aquello que genera sustentabilidad tiene efectos intertemporales e intergeneracionales. Brinda soluciones a problemas de acción colectiva desatados en el presente, pero evita también la aparición de otros nuevos cuyos perjuicios se percibirían únicamente en el futuro. En este sentido, que una empresa se comporte responsablemente supone que acepta que su responsabilidad es también hacia delante, y esas son actitudes que merecen ser valoradas.
En este nuevo orden de cosas posible, las empresas definitivamente pueden quedar bien paradas. Es evidente, como procuramos demostrar con anterioridad, que el Estado no puede por sí solo atender todos los desafíos que plantea este tipo de desarrollo y que la sociedad civil solamente está capacitada para suplir algunas deficiencias. Ante el colapso del Estado y las limitaciones inherentes al accionar de lo civil, pues, la importancia estratégica del sector empresario debería vislumbrarse y comprenderse con claridad.
Si pretendemos que el cambio, tanto en su dimensión cultural como en el modelo de desarrollo deseado, surja y se promueva desde el ámbito empresarial, primero es necesario, que las empresas reconviertan internamente su cultura, esto es, que modifiquen su forma de hacer negocios. En definitiva, que empiecen a tener en cuenta la valía de todos los interlocutores con los que se relacionan; que sistematicen comportamientos que vayan más allá del estricto cumplimiento legal, integrando voluntariamente en sus prácticas operativas y comerciales consideraciones de índole ética, social y medioambiental; y que sopesen, bajo cualquier circunstancia, las consecuencias, tanto visibles como potenciales, de todos sus actos. Esta es la esencia de la empresa ciudadana y de la ética de las responsabilidades que delineamos con anterioridad.
La sistematización de comportamientos socialmente responsables por parte de las empresas simbolizaría la plasmación efectiva, en el ámbito empresario, de la cultura de la responsabilidad social postulada más arriba para toda la sociedad. Reconciliando en una primera dimensión virtud e interés, la institucionalización de este tipo de comportamientos permitiría, en efecto, configurar una cultura de la responsabilidad social empresaria, esto es, un nuevo y deseable tipo de cultura empresarial que, al generar ostensibles beneficios para la sociedad, cuyo ejemplo más notorio probablemente sea el incremento del capital social, actuará retroactivamente sobre las empresas permitiéndoles llevar adelante con mayor facilidad sus negocios.
Actualmente, varias compañías multinacionales están abandonando o tienen intenciones de abandonar sus filiales locales. Una de las principales razones que justifican su alejamiento es el alto costo que significa para ellas manejar la incertidumbre y adaptarse a las cambiantes y poco claras reglas de juego.
Justamente por este tipo de causas, conscientes por otra parte de la precariedad de una situación que entrelaza empresa ricas con contextos pobres, debemos dejar en claro que la consolidación de una cultura de la responsabilidad social empresaria y la búsqueda de un tipo de desarrollo sustentable constituyen dos elementos sustancialmente funcionales a la supervivencia del sector empresario actuante en nuestro país; mas no solamente funcional al que realiza negocios hoy, sino también, y por ello doblemente deseable, al que tenga intenciones de hacerlos mañana o en un futuro distante.
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Social Empresaria en Argentina”
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