| Responsabilidad Social Empresaria |
La necesidad de un nuevo instrumento de medición
Es poco probable, empero, que las empresas tomen plena conciencia del peligro que significa para ellas la reproducción de la coyuntura actual. La amenaza que esta situación de elevada vulnerabilidad social conlleva para cada una de ellas en particular y para el sector empresario en general, es aprehendida como difusa y lejana, no alcanzando a percibirse con suficiente claridad. Como el riesgo es compartido, por otra parte, las probabilidades de solucionar estas cuestiones individualmente son desestimadas, delineándose, bajo esta mecánica, un círculo vicioso de impotencia y frustración.
El interrogante que nos inquieta, precisamente, es cómo edificar una cultura de la responsabilidad social empresaria en este marco de relativa inconsciencia y escasa premonición.
Desde nuestra perspectiva, una cultura de este tipo únicamente podrá cimentarse si se cumplen tres condiciones o presupuestos. En primer lugar, que pueda identificarse claramente a todas aquellas empresas que actúen en forma colectivamente beneficiosa y a todas aquellas empresas que se abstengan de actuar en consecuencia, en particular que pueda ser conocido por los interlocutores con los que se relacionan (24). A esta condición o posibilidad la podemos llamar el presupuesto de la publicidad. En segundo lugar, que un alto porcentaje de todos aquellos que sean capaces de identificar a las empresas que actúen benéfica o perjudicialmente, reconozcan o desaprueben, mediante determinadas acciones, este tipo de comportamientos. A esta segunda condición la podemos llamar el presupuesto de la sanción. Finalmente, que todas las empresas identificadas como socialmente irresponsables, se vean efectivamente impulsadas a modificar sus acciones con el objeto de evitar la desaprobación y condena; y que todas las empresas que sean identificadas como socialmente responsables continúen comportándose de esta manera en función de los beneficios que trae aparejado. A esta última condición la podemos llamar el presupuesto de la motivación.
Para que una cultura de la responsabilidad social empresaria pueda realmente consolidarse, pues, es necesario que todas aquellas empresas que no se comporten responsablemente puedan ser identificadas; sean efectivamente condenadas o premiadas por los interlocutores con los que se relaciona; y que, procurando evitar esta desaprobación o ganarse el reconocimiento, se vean motivadas a redefinir sus modalidades de acción. Enfatizando la relevancia del segundo momento, es esencial que los consumidores, con un fuerte sentido de responsabilidad social, dejen de consumir bienes y/o servicios ofertados por estas empresas, y que los inversores, en la misma línea, pongan condiciones o directamente dejen de invertir en ellas, siempre y cuando, por supuesto, puedan primero conocer la verdadera naturaleza de sus prácticas (25).
Si aceptamos la dinámica y validez de estos tres presupuestos, el balance económico se presenta como una herramienta insuficiente a la hora de evaluar la totalidad de las consecuencias acarreadas por la acción empresaria. Esta falencia puede ser compensada por un instrumento de medición y evaluación más abarcador: el Indice de Responsabilidad Social Empresaria (IRSE). En este sentido, el Índice permitirá evaluar el aporte integral de las empresas al bienestar de la sociedad, expresando lo más detalladamente posible las ventajas y perjuicios causados por su accionar. En tanto integral, nota definitoria de su importancia y entidad, el IRSE abarcará, como veremos en el capítulo 3, diversas y complejas dimensiones y categorías que evaluaciones parciales como las que se realizan en base a las normas ISO, en cualquiera de sus formas, o a los postulados del índice SA8000, entre otros múltiples ejemplos que podríamos poner, no incluyen.
Los resultados del Índice, a su vez, se transcribirán en un Certificado de Responsabilidad Social Empresarial que acreditará, tras una evaluación pormenorizada, a todas aquellas empresas que superen determinados “umbrales mínimos” en cada una de las dimensiones y categorías consideradas.
La relevancia y funcionalidad del Certificado es evidente. Los cambios culturales tienen su dinámica propia. Modificar arraigados esquemas de acción, pensamiento y percepción no es tarea sencilla. Justamente por ello, bajo determinadas circunstancias, es conveniente y aconsejable, adelantándose a la benevolencia de las condiciones, actuar desde arriba.
En este sentido, creemos que la existencia de un Certificado de esta características aceleraría decididamente el proceso de construcción y promoción de una renovada cultura de la responsabilidad social empresaria en nuestro país. Simbolizaría un cambio desde arriba, un acto de conciencia tomado por el propio mundo empresario que demostraría la importancia y necesidad de transformar nuestros esquemas de pensamiento y acción.
(24) En este punto se vislumbra la importancia de algunos interlocutores secundarios como, por ejemplo, los medios de comunicación.
(25) Las sanciones legales, indudablemente, continúan cumpliendo una función esencial en el proceso de creación de una cultura de la responsabilidad social empresaria. En este sentido, aunque los inversores o consumidores castiguen a las empresas consideradas no socialmente responsables, es probable que los beneficios causados por el no respeto de las normas jurídicas sea mayor que el perjuicio causado por este tipo de sanciones informales.
Volver a “Hacia una cultura de la Responsabilidad
Social Empresaria en Argentina”
|
|