21martes052013

Back Empresas Hacia un progreso sostenible

Hacia un progreso sostenible

Luis Bameule Luis Bameule

Luis Bameule, ex titular de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa y presidente de Agritur San Luis, dijo que desde su fundación ACDE ha reflexionado y compartido con la dirigencia argentina acerca de la necesidad de una visión de mediano y largo plazo para nuestra sociedad. 

Resaltó la necesidad de valores y compromisos para que se desarrolle una república democrática, de instituciones respetadas y respetables que ofrezcan transparencia.

Desde su fundación, ACDE ha reflexionado y compartido con la dirigencia argentina acerca de la necesidad de una visión de mediano y largo
plazo para nuestra sociedad. Los valores y compromisos para que se desarrolle una república democrática, la necesidad de instituciones respetadas y
respetables que ofrezcan transparencia y que garanticen a los ciudadanos una convivencia pacífica en el marco de las leyes, la construcción de liderazgos en
los distintos ámbitos de la vida de la Nación, son algunos de los grandes temas de sus Encuentros anuales.

Sin embargo, es evidente que nos cuesta avanzar porque, a pesar de lo que algunos indicadores, sobre todo de consumo, señalan, no logramos acordar como sociedad en algunos temas fundamentales, acuerdos o consensos que, de lograrse, nos permitirían avanzar firmemente hacia un progreso sostenible, especialmente en tiempos en que soplan vientos favorables para los países de nuestra región.

Para ser justos y objetivos, no podemos dejar de mencionar como elementos positivos, además de los altos precios de muchos de nuestros productos, normas como la asignación por hijo y la política de desendeudamiento a nivel internacional que, sin dudas, pueden perfeccionarse pero van en la buena dirección. 

Elegimos para el Encuentro de ACDE de este año el título “Hacia un progreso sostenible” porque creemos que, como en tantas ocasiones del pasado argentino, luego de varios años de crecimiento, se nos presentan justificadas dudas acerca de la sostenibilidad de nuestro desarrollo: indicadores e instituciones no confiables, crecimiento de la inflación con retraso cambiario, medidas de acción directa que reemplazan el diálogo o el debate, marchas y contramarchas en las reglas de juego de la economía, picos de consumo con bajo nivel de inversión, particularmente las de largo plazo, una creciente intervención del Estado aun en áreas normalmente asignadas al sector privado, persistente caída de la calidad educativa y tendencia al aislamiento internacional, etc., son sólo algunos de los síntomas que percibimos a los que se agregan la inseguridad, el auge del narcotráfico y un nivel de corrupción preocupante.

Los empresarios vemos también una caída en nuestro espacio de libertad para tomar decisiones tales como fijar precios, exportar o importar libremente y, lo que es peor aún, frecuentes variaciones en las reglas que afectan en definitiva la necesaria “empresarialidad”, definida ésta como una atmósfera o clima favorable a la genuina actividad empresaria y a las inversiones que generan más oferta de bienes, más trabajo, mejores salarios, más impuestos para completar de esta manera este círculo virtuoso.

Somos conscientes que a los empresarios también nos cabe la autocrítica: tal vez no hemos reclamado con más insistencia sobre la importancia de nuestro rol para la sociedad. En muchos casos, se ha preferido negociar a título individual sin priorizar las normas más generales que darían más transparencia y credibilidad a nuestro accionar.

Nos cuesta a veces aceptar la competencia interna o externa que es imprescindible para que los consumidores puedan elegir con libertad y pagar precios razonables por bienes y servicios. Sin duda, esto legitimaría mucho más nuestro rol en la sociedad.

Los empresarios no queremos resignarnos a la perspectiva de otro ciclo de euforia y posterior caída con toda la secuela de pobreza, desánimo y frustración.

Sí, queremos un desarrollo armónico, sostenido y sostenible, que nos dé a los ciudadanos la seguridad de que, con el esfuerzo de todos, se puede crecer armónicamente, dar previsibilidad a las familias, a los emprendedores y a los inversores; con instituciones y normas que atraviesen los distintos gobiernos sin cambios abruptos y, si los hay, que se definan por consensos logrados en los ámbitos que correspondan.

Hace casi 25 años el Papa Juan Pablo II en su visita a la Argentina tuvo un encuentro con los empresarios en otra difícil coyuntura; con gran calidez nos ayudó a mejorar nuestra autoestima valorando la actitud de emprender, dar trabajo y producir, y desafiándonos a multiplicar la herencia recibida. Obviamente se refería a la enorme dotación de recursos que heredamos los argentinos y, al decir de Bernardo Kliksberg, uno de nuestros principales exponentes en capital social, esta “pobreza paradojal” de la que tanto le cuesta salir a nuestro país.

Los invito a levantar la mirada, pensando más en nuestros hijos y nietos que en nosotros  y en nuestra responsabilidad con los que menos tienen.