Adictos a la dopamina
Asesor especial del PNUD y otros organismos internacionales. Profesor Honorario de la UBA
La Universidad de Jerusalén, lo mismo que la de Michigan y la Escuela de Salud Pública en España, midió qué pasa en el cerebro de la gente que hace cosas por los demás en forma sistemática.
Como decía Jorge Luis Borges, uno de los mayores genios del género humano en materia literaria, sólo perduran en el tiempo las cosas que no fueron del tiempo. Yo agrego a la lista, a la Odisea, a Homero, esa lista tan imponente que citaba María Kodama, la capacidad de indignación. Nosotros deberíamos estar ultra indignados. Esa capacidad es uno de los rasgos más fenomenales del género humano; indignarse frente a las injusticias, frente aquello que viola nuestra ética básica.
La Biblia dice que el que ayuda al otro se ayuda a sí mismo y la RSE lo muestra muy claramente. La empresa que ayuda a la sociedad metiéndose seriamente, pasando de la filantropía -ni que hablar del autismo- a la RSE, se ayuda a sí misma porque va a tener mayor competitividad, sus acciones van a valer más, va a estar mejor posicionada en los mercados, etc. Pero además de eso, el empresario como persona se va a estar ayudando a sí mismo.
Los seres humanos nacimos para ser felices, la vida es una sólo una. Y los empresarios también tienen que ser felices. Para dar un ejemplo, cuando Ted Turner, un empresario que no solía donar y que era considerado como muy duro, donó a las Naciones Unidas 1.000 millones de dólares para causas humanitarias, dijo que le había costado mucho tomar la decisión, pero cuando la tomó se sintió más feliz que nunca en su vida, sintió algo que no había sentido antes.
Y eso está medido médicamente. La Universidad de Jerusalén, lo mismo que la de Michigan y la Escuela de Salud Pública en España, midió qué pasa en el cerebro de la gente que hace cosas por otras, de voluntarios que hacen cosas por los demás en forma sistemática. Esto no quiere decir que tiene que ser miembro de una ONG; un empresario que pone el alma en desarrollar en su empresa la RSE hace cosas por los demás, un profesor que también trabaja haciendo cosas por los demás, en fin, gente que a través de la ocupación que tiene está en el mundo haciéndose responsable del otro. Se ha demostrado que tienen menos estrés, menos úlcera, menos ataques cardíacos y viven más años. Juana Ceballos, de Caritas, un emporio de bien, tiene 77 años y es el ejemplo vivo de lo que estoy diciendo.
Entonces ¿qué pasa en el cerebro de la gente que hace sistemáticamente cosas por los demás? Biológicamente se produce un neurotransmisor, una conexión entre las neuronas, que se llama dopamina. La dopamina, producida cuando se hace cosas por los demás, genera un efecto de felicidad interna. Esto nunca se va a vender en una farmacia, tiene que ver con una relación entre el espíritu, el alma, la biología, etc. Además, el que genera dopamina se hace adicto. Yo digo siempre que la Madre Teresa de Calcuta debía estar intoxicada absolutamente de dopamina. Mi recomendación: háganse adictos a la dopamina.
Fragmento de la exposición de Bernardo Kliksberg en el Coloquio "La Responsabilidad de Empresas y ONG en su vínculo con la sociedad", organizado por el Foro Ecuménico Social y la Universidad Rey Juan Carlos el 22 de noviembre de 2006 en el Salón de Actos de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de esa casa de altos estudios, en Madrid. |