Vivienda Social y Eficiencia Energética
La palabra “casa” tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento tiene un significado amplio y muy ilustrativo de su importancia para la vida humana, explicó el director del Seminario Internacional Bautista y miembro del Foro Ecuménico Social.
En toda la Biblia el tema vivienda es fundamental.
La palabra “casa” tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento tiene un significado amplio y muy ilustrativo de su importancia para la vida humana.
En el Hebreo del Antiguo Testamento, la palabra (bayith), transliterada, beth, describe
la casa o el edificio que habita una familia.
También se usa para aludir a toda una familia y todo su entorno físico, cultural. Por ejemplo: la Casa de David, Casa de Judá.
Además la palabra casa se usaba unida a otra palabra que describía alguna característica particular para dar nombre a localidades: Betania, Bethel, Bethesda, Bethlehem, Bethfage, Bethsaida.
En el griego del Nuevo Testamento la palabra (oikos), transliterada (eco), describe la casa o edificio que habita una familia, pero además todo lo que ocurre dentro de ella y su administración
La misma palabra “oikos” se usa, en unión con otras para formar palabras de uso común en castellano tales como: Economía; Ecología; Ecuménico.
En resumen, la casa es la vivienda que se habita, pero es también la familia y la totalidad de lo que le acompaña para su existencia. La casa en cierto sentido es el ámbito necesario para la vida.
También se la usa para hablar del mundo habitable.
La casa entonces es reconocida como algo que forma parte valiosa de la formación humana personal y social.
Imposible pensar en un desarrollo sano de una persona, de una familia, de un sistema de relación comunitaria sin la casa. La casa es clave no sólo para tener un lugar donde estar, sino para formar la persona.
Por lo dicho, la carencia de la casa, o la tenencia de una casa con grandes deficiencias, crean una complicación más que seria al desarrollo integral de las personas y sus comunidades.
Al aplicar esta definición a nuestra Argentina puede apreciarse el gran desafío ético que esto plantea. Cómo no reaccionar cuando tantas personas carecen de una casa, o poseen una que dista mucho de poder llamarse casa. Y no sólo esto, sino que muchos de quienes la poseen han tenido o siguen teniendo enormes complicaciones para adquirirla o sostenerla.
A esto debe agregarse que el problema tiene ya en nuestra patria varias décadas.
Muchos de los trastornos que esto implica para la vida social son evidentes.
El análisis de esta realidad puede y debe tener varias miradas, algunas de las cuales ensayaremos hoy este capítulo de la Cátedra de Etica del Foro Ecuménico Social.
Y esto sólo para cubrir una parte de la realidad. Al concluir habrá todavía mucho camino por recorrer.
Cada vez que miramos la riqueza de todo tipo existente en nuestro país pienso que el diagnóstico y la respuesta a temáticas como la que hoy confrontamos es política, es económica, es cultural, es educativa, es laboral, pero, y esto debe decirse con todas las letras, es también moral. Necesitamos más dinero, más trabajo, más desarrollo tecnológico, pero también necesitamos orientar toda esa fuerza con un sentido ético social.
Pensarlo así me parece pensar en serio, se me ocurre que es la única forma de pensar con esperanza y credibilidad.
Me alienta pensar una Argentina que no esté siempre comenzando, sino que también pueda decir que lo que se comenzó se continúa para que podamos ver realizaciones crecientes.
Se que estoy hablando a personas con una gran conciencia sobre la necesidad de la vivienda. Como sabemos el tema vivienda no es un tema más, es uno de los fundamentales, gracias a todos los panelistas, y participantes en general, por ayudarnos a pensar cómo hacer para que la casa que habitamos sea más plenamente humana.
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