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Francesco Ballarini
Para una redefinición del Foro Ecuménico Social: Responsabilidad y Diálogo

Vicepresidente del Foro Ecuménico Social, fundador de la Casa del Niño Lourdes (Diócesis de Quilmes), fue Secretario de la Comisión Episcopal de Ecumenismo, Relaciones con el Judaísmo y otras religiones.

Si el Foro quiere mantenerse fiel a su vocación originaria está llamado continuamente a proponerse como un lugar de encuentro y de diálogo.

Tratar de definir que es el Foro Ecuménico Social no es una empresa fácil. Por su naturaleza es una realidad que, con el pasar de los años, fue asumiendo rostros diversos y variados. La palabra misma, Foro, manifiesta una constitución que no es fija ni estática, sino dinámica, en continuo movimiento y cambio.

Cuando en agosto 2001 comenzó a dar sus primeros pasos seguramente los propios protagonistas, que habían dado inicio a esta experiencia, nunca habrían imaginado adonde los habría conducido esa intuición original y única. Estimuladas por la profunda crisis social y cultural, que en aquellos años estaba atravesando la Argentina, personas diversas, provenientes del mundo religioso, del mundo empresarial y del mundo del compromiso social concreto, libremente decidieron reunirse en torno a una mesa de trabajo para buscar nuevos caminos que la realidad social requería de una manera acuciante y urgente.

Múltiples y variadas, precisas e incisivas fueron las iniciativas que el Foro desarrolló en todos esos años dentro y fuera de la Argentina. Pero el Foro es una realidad nunca completamente definida y está llamada permanentemente, propiamente por su naturaleza, a definirse y a redefinirse continuamente. En esta definición y redefinición hay dos palabras clave que, ya desde los orígenes del Foro, fueron motivos inspiradores y las líneas conductoras que han acompañado en estos años su trabajo: responsabilidad y diálogo.

La responsabilidad –hacerse cargo de la res, la cosa social y pública – frente a la crisis que atravesaba la Argentina en el 2001, hizo que nos reuniéramos y comenzáramos a pensar juntos caminos de solución y de respuesta a la misma.

En esta última década asistimos a la caída de ideologías que en los años pasados habían propuesto, a veces de modo dogmático, soluciones a los graves problemas sociales de la humanidad y que a lo largo del tiempo se revelaron como inconducentes y fallidas.

Se fue reforzando una cultura de contraposición y de desencuentro cuya salida final fue, a veces, muy dolorosa y trágica. También por esto la Argentina está sufriendo todavía hoy en su cuerpo social, por heridas dolorosas que la han marcado profundamente.

Cuando comenzamos a reunirnos en el Foro había, en cuantos participábamos, una nueva actitud que nos empujaba a hacernos cargo de la res, de la realidad social. Nos motivaba, sobretodo, una pasión y una compasión –en su más profundo significado patior (sufro), cumpatior (sufro con) - por la realidad social que no era anónima y lejana, sino vecina, próxima y concreta, y que se nos revelaba en rostros sufrientes de niños y jóvenes, de hombres y de mujeres heridos en su dignidad de seres humanos y imposibilitados de realizarse como personas.

Como escribe Lévinas: “El encuentro con el Otro representa inmediatamente mi responsabilidad para con él “. De esta toma de conciencia sobre sí mismo del destino de los demás nace una ética de la responsabilidad. Ese fue el profundo empuje inicial que hizo surgir al Foro y la motivación de fondo que nos acompañó y que nos acompaña en todos estos años.

Otro aspecto que caracteriza al Foro desde su comienzo fue el haber puesto, como base para la pasión-compasión por el otro, una dinámica interna de diálogo profundo y maduro entre cuantos, en diverso modo, han animado las variadas y múltiples actividades realizadas en todos estos años.

Hoy vemos sobre los escenarios mundiales que cuando desaparece esa lógica de encuentro y de diálogo, se derivan dramáticas y dolorosas consecuencias. En estos años se ha dicho que uno de los motivos más profundos que causó la crisis en la Argentina, y que aun hoy hace difícil su salida, es la fragmentariedad de la realidad argentina en todos sus estratos sociales.

Justamente el ejercicio del diálogo –que hace que los varios fragmentos se encuentren y se interconecten– fue y es la nota dominante que ha modulado el trabajo del Foro.

Este espacio de diálogo, que el Foro ha creado, puso las premisas para experimentar que “el diálogo auténtico, - hablado o silencioso, poco importa -existe cuando cada uno piensa realmente en el otro y en los otros, en su vida de presencia y en su modo de ser y se dirige a ellos, con la intención de constituir entre él y ellos una viva reciprocidad“. (M. Buber, La vida en diálogo).

Este ejercicio del diálogo, que jamás se debe presuponer y que continuamente se debe crear y recrear, se concreta en una actitud cambiante de apertura y de acogimiento con relación al otro. El otro, persona viviente, está delante mío, en toda su realidad – materia y espíritu – concreta, dinámica, que se crea incesantemente, diverso de mi, difícil de alcanzar y asimismo pleno de atractivo. Si yo lo reconozco como un polo misterioso de mi propia existencia, si le dejo un lugar en mí, entonces me abro a él, lo acojo, entro en actitud de diálogo.

A través del diálogo yo le permito al otro ofrecerse, donarse y lo acojo. Y cuando me libero y me abro para hacer lugar en mí al valor del otro, yo no soy más el mismo. A través del encuentro con el otro, a través del descubrimiento del misterio de la persona única e indescriptible, mi vida es cuestionada. El otro y su devenir tienen que ver conmigo, me interrogan, me desafían.

En esa actitud de acogimiento recíproco está la fuerza del Foro y así se crea esa atmósfera luminosa y plena de calidez que permite generar reflexiones y actividades que inciden constructivamente en el campo de acción al cual el Foro se dedica.

Aunque no puedo dejar de recordar que siempre en cada persona está latente y presente la tentación del protagonismo, de la afirmación de sí mismo o de las propias ideas sobre el otro. Si el Foro quiere mantenerse fiel a su vocación originaria está llamado continuamente a proponerse como un lugar de encuentro y de diálogo. Sólo así podrá ofrecerse como un espacio donde los diversos actores de la vida social podrán encontrarse y juntos buscar y hallar respuestas a soluciones reales y efectivas para el bien de todos.