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Enrique Cristofani
El camino de la Argentina

Presidente del Banco Santander Río.

Nos faltan políticas de Estado y lo relaciono con tener objetivos comunes. Pero para eso tiene que haber diálogo, tiene que haber consensos básicos, que sean comunes para todos.

Les hablaré sobre un artículo que publiqué en el diario La Nación, que se llama “El camino de la Argentina” (1).

Yo creo que uno de los conceptos básicos que están en todas las peregrinaciones es que dan como fruto un ambiente de tolerancia entre los pueblos, entre la sociedad. Creo que ese es un concepto básico que a nosotros nos falta. Y vi tres enseñanzas básicas que me ha dejado el camino de Santiago, haciendo la comparación con nuestro país.

En primer lugar la importancia de lo simple; en segundo lugar el trabajo en equipo; y en tercer lugar el tema de los objetivos, el tema de las metas.

En cuanto lo simple, creo que nos faltan políticas de Estado, y políticas de Estado, en definitiva, yo lo relaciono con tener objetivos comunes. O sea, la forma simple de llamar a las políticas de Estado es tener objetivos comunes. Yo creo que nos podríamos poner de acuerdo muy rápidamente de cuáles son las políticas de Estado. Por ejemplo, si hay inflación al que más le pega es al que menos tiene, por lo cual creo que hemos aceptado la importancia de una inflación baja. Creo que también nos hemos dado cuenta de la importancia de tener un tipo de cambio competitivo con respecto al mundo, teniendo en cuenta que el tipo de cambio es uno de los referentes competitivos de la economía. Pero es solamente uno; el tema de la competitividad de la economía es mucho más complejo.

También hemos aprendido sobre la importancia de combinar una economía que crezca una sociedad que crezca en su conjunto. En el Foro se hablaba muy bien de la importancia del empleo y yo creo que tenemos que mejorar muchísimo: tenemos un potencial para crecer en todo lo que tiene ver con el empleo y en otros conceptos básicos como la calidad de la educación, la calidad de la salud, la seguridad.

La combinación entre la economía y la sociedad es algo totalmente posible, por eso insisto en lo que decía antes: pueden ponerse estas políticas de Estado en una hoja y la gran mayoría vamos a estar de acuerdo. Pero para eso tiene que haber diálogo, tiene que haber consensos básicos, que sean comunes para todos.

El segundo aspecto es el trabajo en equipo. Somos una sociedad y una dirigencia que está acostumbrada al todos contra todos. Con esta política nos fue muy mal.

Muchos miran con asombro cómo algunas veces nos interesa más tener razón que tener éxito. Hay personas que realmente prefieren tener razón y que al país le vaya mal y viceversa, o sea equivocarse y que al país le vaya bien. Esto es parte de nuestra indiosincracia y creo que es importante reconocerlo.

Normalmente, además del todos contra todos, miramos para atrás en vez de mirar para adelante, y eso provoca revanchismo tanto a nivel político como a nivel del empresario. Se hablaba del tema campo o industria, y luego de industria o servicios; se discutía de sobre si generaban más empleo los servicios o la industria. Esta es una discusión obviamente ridícula.

Acá nos interesa que a todos los sectores de la economía le vaya bien, que, en definitiva, todos subamos con un objetivo común.

Y, hablando de objetivos, ese es el tercer punto. Obviamente, si uno quiere llegar a un lugar, lo primero que tiene que saber es a dónde quiere llegar, y creo que lo importante es que el presidente dé políticas de Estado, diga cómo va a trabajar y si lo va a hacer en equipo; pero también debe decir a dónde quiere llegar, cuáles son los objetivos que tiene.

En ese sentido creo que hace varias décadas que estamos perdiendo el tiempo con discusiones ideológicas, que nos han llevado donde estamos hoy. Por eso creo que es muy importante que dejemos de pensar en atajos y que en lugar de pensar en sucesos pensemos en procesos. Y en procesos dentro de un objetivo final.

Entonces, en síntesis, estoy convencido de que tenemos un gran país, con un potencial de sus recursos humanos que sigue básicamente intacto, que no está ni condenado al éxito o ni al fracaso, que va depender de cómo lo gestionemos. Y, realmente, hasta ahora lo hemos gestionado muy mal. Por eso es muy importante que los ciudadanos empezamos a ser protagonistas y dejemos de ser meros comentaristas de la realidad.

(1) La nota se puede encontrar en el link http://www.lanacion.com.ar/662430

Comienza así: “Meses atrás, junto a mi mujer y con un grupo de amigos, tuvimos el privilegio de hacer el Camino de Santiago, verdadero contacto con los orígenes apostólicos de nuestra tradición cristiana.

Se denomina así, Camino de Santiago, por ser la ruta que conduce a la tumba del apóstol, la que se encuentra en la misma catedral de la ciudad que lleva su nombre: Santiago de Compostela. En el siglo IX, durante el reinado de Alfonso II, se determinó el sitio en que el santo había sido inhumado, en los alrededores de Padrón, próximo a Finisterre, lugar que debe su nombre a la creencia de que hallaba en el fin occidental de la Tierra. Es el final del recorrido que realizó el apóstol en su misión evangelizadora.

Santiago de Compostela, desde ese descubrimiento, se convirtió en un centro de trasvasamiento cultural y en uno de los más grandes destinos de peregrinación del mundo. Como el recorrido se efectúa a través del campo (per agrum, en latín), a quienes concurrían se los empezó a llamar "peregrinos".

Así, el Camino de Santiago ha significado una valiosa vivencia personal. Recorre paisajes de inigualable belleza, entre las más atractivas de España, además de fuentes de entrañables tradiciones históricas y culturales.

A lo largo de los 110 km de caminata, uno tiene tiempo de reflexionar y compartir pensamientos”.