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Silvio José Schlosser

El doble contrato de la empresa con la sociedad

Director de la Fundación YPF

La idea es que el mundo empresarial y de los negocios se involucre en alcanzar  soluciones para los retos que plantea la globalización.

La industria energética tiene características propias que inciden en todos los programas de Responsabilidad Social Empresaria y en el desarrollo sustentable. Se trata de empresas próximas geográficamente a la fuente de extracción de los recursos naturales.
Son negocios de largo plazo, por lo tanto cuando se inicia un  programa hay que considerar de 25 a 40 años. Los  proyectos  impactan fuertemente en sus  comunidades. Se establece una relación de cercanía, y tanto las actividades como sus productos repercuten profundamente en las sociedades en donde se desarrollan. En muchos lugares incluso las poblaciones crecieron alrededor de estos  emprendimientos, estableciéndose un fuerte compromiso entre ambos.
Repsol YPF es una compañía internacional, integrada de  petróleo y gas con actividad en 30 países. Está presente en la exploración y producción de hidrocarburos, el refino, la comercialización, la química y la distribución de gas.
En la Argentina YPF es el mayor inversor, el mayor contribuyente fiscal, el primer exportador y es uno de los máximos empleadores. Aporta al Estado Nacional y provincial $6.643 millones de pesos en concepto de impuestos, (aprox. 1700 millones de euros). Emplea en forma directa a 11.000 trabajadores y a más de 20.000 personas en forma indirecta. Mantiene políticas de pleno empleo, pago regular de salarios y promoción interna hacia posiciones directivas y gerenciales. Repsol YPF mantiene en la argentina un fuerte compromiso con el desarrollo económico del país.
Este compromiso se extiende hacia los accionistas, con la creación de valor en forma sostenida, la transparencia en la gestión y el buen gobierno corporativo. Con los clientes,  anticipando  y conociendo sus necesidades. Con los socios y  proveedores, en los  aportes recíprocos y el respeto mutuo que se basa en la confianza y la calidad de los productos y servicios.
Con los empleados, mediante una política  que permite captar, motivar y retener a los mejores, dándoles oportunidades de desarrollo profesional. Y, hacia toda la sociedad el compromiso se hace visible en la contribución al desarrollo sostenible mediante el  apoyo a las comunidades locales.
La principal responsabilidad de una empresa consiste en  la creación de riqueza y empleo como contribución a la sociedad. Sin embargo, hoy hablamos de un doble contrato de la empresa con la sociedad: por un lado, un contrato económico, que tiene que ver con la producción de bienes y servicios con eficacia, con la generación de empleo, con la inversión de una parte de las utilidades y  con el pago de impuestos para el sostenimiento de la sociedad. Mediante este contrato económico la empresa obtiene beneficios. Por otro lado,  hay un contrato que no está escrito, pero que cada vez es más demandado por la sociedad. Tiene que  ver con la participación en el desarrollo de la comunidad en la cual está inserta y con el cuidado del medio ambiente -aún más allá de lo que regulan las leyes. Mediante este contrato tácito la empresa obtiene legitimidad social.
Este doble contrato es complementario y no es  excluyente. Michael Porter y Mark Kramer, dos profesores de la Universidad de Harvard sostienen que  "en el  largo plazo estos objetivos no sólo no compiten sino que están estrechamente ligados entre sí. La productividad de la empresa depende de que los empleados sean personas más educadas, sanas y motivadas por las oportunidades que encuentren en sus sitios de trabajo".
Desde esta perspectiva la empresa se constituye como un actor social de gran relevancia, especialmente en relación a los empleados. Hoy en día en nuestras sociedades de múltiples identidades, la misma persona en el transcurso del día  puede estar trabajando en una industria, participando en la comisión directiva de una ONG o de la escuela adonde va su hijo, y ser beneficiario de una mutual en donde va a solicitar un crédito o algún beneficio de salud.
Como actor social la empresa debe ser rentable. Una empresa no rentable no puede ser responsable con sus accionistas ni con su entorno. Una empresa que da pérdida está dilapidando  recursos de la sociedad. Si no es rentable, no puede sostenerse, no genera beneficios ni riqueza. De este modo generaría daño y desempleo, convirtiéndose en un problema para toda la sociedad.
Como mencionamos anteriormente, la empresa  impacta mediante su actividad en la comunidad. Ese impacto no es menor, abarca a todos los grupos de interés (stakeholders). Desde los grupos primarios, secundarios y terciarios hasta los empleados, los proveedores, los competidores, el Estado y  las ONG.
Considerando su relevancia como actor social es que hoy se sostiene que la empresa tiene la responsabilidad integral de construir la sociedad en la cual se encuentra,  considerando todos los aspectos de su acción.
En el Pacto Global encontramos un ejemplo de cómo vincular los beneficios económicos con la relación entre la empresa y  la sociedad. En 1999 el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, lanzó en Davos la idea del Pacto Global. Invitó a todas las empresas a participar activamente para que los objetivos económico-financieros y de desarrollo,  se asocien con los impactos sociales y ambientales de sus actividades. La idea es que el mundo empresarial y de los negocios se involucre en alcanzar  soluciones para los retos que plantea la globalización.
¿Qué es el pacto global? En un principio fueron nueve puntos:
A) Derechos humanos: apoyar y respetar la protección de los derechos humanos; no ser cómplices de  abusos de los derechos humanos.
B) Ámbito laboral: apoyar los principios de libertad, de asociación, la libertad sindical y el derecho a la negociación  colectiva; eliminar el trabajo forzoso y obligatorio; abolir cualquier forma de trabajo infantil; eliminar la discriminación en materia de empleo  y ocupación.     
C) En el medio ambiente: apoyar el enfoque preventivo frente a los retos medioambientales, promover mayor responsabilidad medioambiental; alentar el desarrollo y la difusión de tecnologías respetuosas del medio ambiente.
En 2004 incluyeron un décimo punto, Anti-corrupción: las empresas deberán trabajar contra la corrupción en todas sus formas, incluidas la extorsión y la criminalidad.
Este pacto fue firmado por Repsol en España en el año 2002 y también en la Argentina por YPF en el 2003.
¿Qué es una empresa socialmente responsable?
Podríamos decir que es una empresa que tiene en cuenta los problemas sociales del país en el que opera; asume los desafíos contribuyendo a mejorar las capacidades de sus recursos humanos, para mantener la empresa competitiva, eficiente, con la mejor tecnología; contribuye a desarrollar un marco democrático, transparente y confiable; promueve la preservación de los recursos naturales; y estimula la colaboración de todos los niveles de su personal, en la vida de su comunidad. Este punto es fundamental, ya que cada vez más se empieza a ver en las empresas programas de voluntariado corporativo que plasman esta idea.
Actualmente las empresas se preocupan no sólo por ser socialmente responsables sino también empresas familiarmente responsables. No cuidan solamente a sus empleados sino que se extienden a  todo su entorno familiar. Esta perspectiva también tiene que ver con el estímulo a la colaboración de todo el personal, sin interesar las jerarquías, en la vida de la comunidad. De este modo hay posibilidades de diálogo y de transmitir conocimientos del mundo de la empresa hacia el mundo de la sociedad civil, y también recíprocamente: de incorporar conocimientos del mundo de la sociedad civil hacia el mundo de las  empresas. Es un aprendizaje de ida y vuelta.
Este paradigma  se basa en tres conceptos. En lo económico: en lo laboral, hacia  adentro y en lo comercial,  hacia fuera. En lo ambiental, que pasa a ser algo central: el cuidado de  nuestro planeta de modo prioritario. En lo social, con un concepto nuevo que podemos denominar inversión social privada, que viene desarrollándose en los últimos 10 años.
¿Qué es la inversión social privada? La idea es transformar los donativos en inversiones estratégicas. Ser una empresa responsable genera una ventaja competitiva. Todas las encuestas de opinión expresan que el público consumidor prefiere comprar y aún pagar más, por un producto de una empresa socialmente responsable. Probablemente en América Latina esto no lo veamos tan claro pero con el tiempo este paradigma se va extendiendo en todo el mundo. Esta visión fortalece la reputación de la empresa, establece credibilidad y demuestra los valores de la compañía. 
Este nuevo paradigma implica un cambio de concepción en relación a la  filantropía. La filantropía tradicional estuvo orientada centralmente a la asistencia; hoy fundamentalmente se centra en  la promoción y el desarrollo. Antes se actuaba respondiendo a demandas, de modo reactivo; a la empresa le pedían donaciones y la empresa las daba. Hoy, se anticipa a las demandas y es proactiva. La empresa tiene una idea en donde intervenir y se interesa por la sustentabilidad de sus programas.
Antes, la acción concluía con la donación. Actualmente en cambio,  se establece un compromiso que abarca la evaluación y el seguimiento de los programas. Todas las compañías que comparten este nuevo concepto monitorean y evalúan los  resultados de su impacto.
Las intervenciones se realizaban de modo unilateral; hoy hay una valoración por el trabajo conjunto entre las organizaciones. Encontramos proyectos que son cogestionados, con la participación de municipios, ONG y empresas. Se crean importantes redes de organizaciones que colaboran en los proyectos.
En la visión anterior la empresa unilateralmente ejecutaba sus iniciativas. De a poco las acciones individuales están siendo reemplazadas por las alianzas estratégicas. La toma de decisiones antes basada en criterios individuales,  hoy ha ido  incorporando la  estrategia institucional como base para las decisiones.
En el enfoque tradicional encontramos dispersión de acciones; hoy se prefiere focalizar las actividades, haciendo mucho de pocas cosas.
Los recursos aportados consistían en bienes y dinero; hoy además de fondos se aporta y se recibe conocimiento; los recursos son múltiples. La participación de los empleados se limitaba casi exclusivamente al nivel gerencial; hoy en cambio se involucra a todas las personas que trabajan en la compañía, no importa su posición.
La acción no estaba integrada con la estrategia global. Hoy está integrada a varias áreas de la empresa en forma transversal y también, a su estrategia global.
Desde YPF estamos contribuyendo a mejorar la coyuntura local con líneas de acción desde la Fundación YPF o directamente desde la empresa. En la Fundación YPF tenemos importantes programas de apoyo a la educación, la investigación en ciencia y tecnología y el desarrollo social. Entre ellos, podemos mencionar el programa de becas de grado que permite que jóvenes de bajos recursos puedan terminar sus carreras universitarias.
Además, hace dos años comenzamos con cursos de formación en oficios y de actualización técnica para jóvenes que no estudian ni trabajan. En la Argentina son muchos  los jóvenes entre los 18 y los 35 años que quedaron fuera del sistema educativo y del mercado laboral. A través de este programa asisten a la universidad a recibir cursos de soldadores, cañistas, y albañiles. Además de recibir formación específica hemos notado que la participación en los cursos produce en ellos un gran impacto en su autoestima. Han pasado por estos programas 1.700 jóvenes de los cuales,  el 70% obtuvo un empleo de calidad en el primer año.
El programa de voluntariado corporativo vincula a la empresa con la comunidad directamente a través de sus empleados, en todos sus niveles. El objetivo es apoyar iniciativas sociales, vincular a YPF con ONG’s y  promover la integración de los recursos con el conocimiento científico, tecnológico, educativo y de gestión de la empresa. De este modo se apunta a contribuir activamente a la solución de temas sociales.
Es muy importante no sólo brindar recursos sino también la transferencia de conocimientos del mundo de la empresa a las organizaciones de la sociedad civil.  El aporte  se realiza con una visión innovadora tratando de que los proyectos tengan replicabilidad, sean sustentables y tengan impacto en el primer año de ejecución. Se seleccionan las propuestas mediante concursos abiertos a los empleados. Se han desarrollado proyectos de huertas y granjas comunitarias, carpinterías, herrerías, tambos, apicultura, confección de ropa blanca y pañales, talleres para la fabricación de ropa deportiva, de zapatillas, panaderías, y cultivo en invernaderos. Desde el 2001 participaron 900 empleados en más de 200 proyectos con más de 40.000 beneficiarios.
Los empleados que realizan en forma voluntaria estas acciones han manifestado un profundo sentimiento de satisfacción al poder balancear su vida profesional con sus deseos personales de ayudar al prójimo. Para la empresa significa contribuir a crear comunidades más sanas, mejorar su imagen pública, generar nuevos canales de comunicación con grupos no habituales y brindar la oportunidad de mejorar el desempeño a los equipos de trabajo. Las ONG se benefician con los conocimientos, habilidades profesionales y experiencias de los empleados.
La Fundación YPF además implementa otros programas: de educación, para mejorar la inserción de los  jóvenes en la escuela secundaria y la enseñanza de la  ciencia y la tecnología; de formación docente en enseñanza intercultural, campañas odontológicas en las zonas fronterizas,    y programas de informatización.
No queremos suplantar al Estado ni es nuestra función. Con estos proyectos podemos aplicar alguna metodología innovadora para solucionar problemas sociales que después un municipio o un estado provincial o nacional puedan llevar a escala. También pretendemos que las iniciativas que apoyamos tengan sustentabilidad, que cuando se termina el subsidio puedan seguir desarrollándose,  con impacto visible en la problemática que intentan resolver.