Expirado
Reflexiones Cátedras

Promover una cultura de diálogo y generar políticas de consenso

Esos son dos de los déficits más grandes de la Argentina, según Carlos Custer, ex Secretario General de la Confederación Mundial del Trabajo, miembro del Pontificio Consejo Justicia y Paz del Vaticano y ex embajador argentino en la Santa Sede. La siguiente es su ponencia.

Me voy a referir a lo que creo son dos de los déficits más grandes de la sociedad argentina: la cultura del diálogo y las políticas de consenso, que en nuestro país son dos aspectos negativos de las relaciones políticas, de las relaciones socio-económicas y de las propias estructuras que perfilan nuestra nación.

Sin lugar a dudas ha habido progresos desde la crisis de 2001-2002 en el camino de diálogo, pero ese diálogo aun no se ve institucionalizado ni se ha hecho carne en las estructuras políticas económico-sociales de nuestro país. Creo que este es uno de los aspectos donde hay que insistir mucho; es muy importante promover la cultura del diálogo, escuchar al otro y, más allá de las diferencias, que siempre van a existir -sea ideológicas, de intereses u opciones- tener la capacidad de elaborar políticas de consenso.

En la crisis de 2001 estalló un modelo de sociedad corporativa: la patria sindical, la patria militar, la patria financiera; el modelo de las corporaciones incapaces de poner en común los intereses globales de los argentinos. Y esta crisis, que creo la estamos revirtiendo mucho mejor de lo previsto, con 48 meses de crecimiento ininterrumpido que nos muestran el empuje de una Argentina en transformación, de una Argentina mejor, fue acompañada por instituciones como el Diálogo Argentino, que fue promovido principalmente por las confesiones religiosas: católicos, evangélicos, judíos, musulmanes, etc. Las comunidades animadas por movimientos espirituales son las que alcanzaron a trazar ese camino de diálogo que creo sigue en distintos sectores pero que fue muy importante en la crisis casi terminal de 2001 y 2002.

Pese a lo que pide nuestra Constitución Nacional (particularmente en su art. 14 bis), nosotros no tenemos instancias de diálogo ni de concertación en el campo económico-social. Me refiero a que hay sólo un mecanismo en áreas del Estado que es un organismo de concertación: el Consejo Nacional del Salario Mínimo, Vital y Móvil. Mientras que, paradójicamente, en el ámbito del MERCOSUR, tenemos muchos más mecanismos de concertación, por ejemplo, en el campo económico y social, sindical, empresario o tercer sector, que en la Argentina.

En el MERCOSUR ya existe el Foro Económico y Social, integrado por las grandes entidades empresarias de los países –de la Argentina están la Unión Industrial, la Sociedad Rural, la Asociación de Bancos-, los grandes sindicatos como la CGT y CTA, las asociaciones de consumidores, la Confederación General de Profesionales, etc. Y esto es curioso, ya que hemos avanzado casi 10 años con nuestros pares de Brasil, Paraguay, Chile y Uruguay, pero en nuestro país no tenemos ningún ámbito de este tipo. Así los sindicatos y los empresarios argentinos se encuentran en San Pablo, Asunción, Buenos Aires, Montevideo, etc. para discutir y concertar sobre las políticas económicas y sociales comerciales del MERCOSUR, pero para la Argentina no existe nada parecido.

Entonces, creo que hay que impulsar primero una actitud cultural, una predisposición al diálogo y reconocer que la Argentina, a partir de la dura experiencia de 2001/2002, va haciendo un camino. Además, tenemos que reconocer el gran trabajo que han hecho las confesiones religiosas, que han mostrados signos de gran madurez y capacidad de escucharse y buscar síntesis comunes. Esto que parece tan simple, la voluntad de hacer una síntesis de objetivos comunes pese a las diferencias, es una de las deudas más grandes que tenemos los argentinos con nosotros mismos.

Así como lo han hecho las comunidades religiosas, nosotros deberíamos tener una mayor capacidad de desarrollo de grandes consensos políticos, para construir políticas de Estado que vayan más allá de los diferentes partidos políticos, de gobierno y oposición, y permitan consensuar elementos básicos para el desarrollo, el progreso y la estabilidad de nuestra sociedad.

Para que esto se pueda desarrollar la sociedad civil tiene una enorme responsabilidad. Y la ha tomado. Este Foro Ecuménico Social es un ejemplo, ya que vienen sectores académicos, empresarios, sectores sociales, de distintas confesiones religiosas, a tratar de escucharse y poner en común ciertos análisis y tratar de buscar de qué manera podemos llegar a tener objetivos convergentes.

Por eso me parece tan importante lo que se está haciendo en este Foro, a nivel interconfesional o interreligioso, y eso se tendrá que ir plasmando en conductas y actitudes y, tal vez, en estructuras de la sociedad. No hay dificultad que no pueda superarse con una política adecuada de diálogo y mecanismos de concertación. Por eso, repito, lo que hace el Foro Ecuménico en el ámbito de la sociedad civil, lo que ha hecho el Diálogo Argentino, lo que se hace a nivel de la cultura interreligiosa, etc., lo vamos a tener que ir traduciendo en las conductas políticas y en las propias estructuras del Estado.

A diferencia de lo que sucede en la Argentina, los franceses tenían el “Comisariado General del Plan”, desde marzo de este año 2006 convertido en “Centro de Análisis Estratégico”, al cual toda la sociedad francesa aporta criterios sobre el desarrollo del país. También en España está el Comité Económico y Social, que es prácticamente la tercera institución del Estado. Creo que nuestro esfuerzo tiene que ser, como lo hace el Foro, promover la cultura del diálogo, contrarrestando la patria corporativa, donde cada uno piensa en sus propios intereses, y prevalecen visiones sectoriales antagónicas.

Porque un país no es un montón de gente sobre un montón de tierra; un país tiene un destino compartido y ciertos valores, más allá de los ineludibles conflictos que van a subsistir, producto de las legítimas diferencias. De esta manera se podrá, aprovechando el crecimiento económico de país y más allá de las contingencias y de los gobiernos, ir creando las bases de un plan nacional de desarrollo que pueda contenernos a todos, donde se discuta las políticas pública, nuclear, energética y agraria, el desarrollo industrial, la integración con los países vecinos, la situación de la educación, la infraestructura y la vivienda, entre otros puntos básicos.

Y hay dos temas pendiente fundamentales, que no desarrollaré pero que no puedo dejar de mencionar: la distribución de la riqueza, que es muy injusta en el país, y el tema de la perspectiva del trabajo humano en el contexto de la globalización. No se puede crear una sociedad sólida y democrática en base a la marginalidad y el desempleo.

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